Hay días en los que recordar es como un intento de suicidio. Cualquier palabra, frase, canción, imagen, nos trae a la mente el recuerdo de aquellos tiempos. En ese momento no se puede evitar pensar en que hubiera pasado si las cosas hubieran sido de otra manera. "Todo pasa por algo" es una frase que está en la boca de todos, pero no por eso es mas fácil de entender. Siempre nos cuesta despegarnos de aquello que nos hizo feliz, o al menos, sentir bien; pero si eso no hubiera terminado o cambiado nosotros no seríamos los mismos que somos ahora. No nos habríamos dado cuenta del camino que debíamos seguir, ni de las personas que realmente valen la pena.
Todo pasa por algo. No digo que no existan las coincidencias, pero a veces las cosas deben ser de una sola manera, y no tienen alternativa; y aunque al principio nos cueste adaptarnos, a la larga se empiezan a notar las mejoras en nuestra vida: las oportunidades de volver a hacer algo, y hacerlo bien; de incorporar una persona nueva o darle un poco de importancia a alguien que ya estaba en nuestra vida. Animarnos a decir y hacer es algo tan importante como la vida misma, de hecho, nuestra existencia se basa en ambas cosas. El ¿qué hubiera pasado si...? nos deja una sensación tan fea en nuestra mente. Siembra una duda, y las dudas molestan, nos hacen inseguros.
Por eso recordar, aunque duela, es un mal necesario. Porque de ese modo ya sabemos que pasaría si calláramos, o si nos quedáramos sentados.
Gracias al recuerdo sabemos como actuar, y cuando todo sale bien notamos la mejora.
No hay comentarios:
Publicar un comentario